Simón es uno de los labradores del pueblo. La familia es dueña de una casa en la calle de los soportales. Con Juana son padres de siete hijos entre chicos y chicas. Simón coincide con todas las personas que conoce y las que no en la misma obsesión: ¿Cómo conseguir alimentos?
El domingo es día de descanso obligatorio. Se puede ir a Misa o a las bodegas. No se permite el trabajo. Los hombres se reúnen en torno a las bodegas, después de misa. La Iglesia queda como una inmensa mole protectora en el inicio de los senderos tortuosos que recorren la montaña horadada de las bodegas.
A Simón no le atrae las efervescencias que produce en la mente el exceso de vino ni los gritos ni las maledicencias que acompañan. Considera una situación anormal en contraste con la precisión que requiere el trabajo bien hecho en el campo día a día y el esfuerzo necesario que hace unir los brazos .
Prefiere confinarse en el corral . Prepara los cajones de madera para las crías de conejo. La carne de conejo se ha convertido en uno de los alimentos que soluciona la escasez. Un suministro que no cae en las manos del Pollo. En el corral, Simón adereza los espacios de trabajo con meticulosidad y cuando quiere aislarse un poco más se parapeta en una masa de gavillas y tablones. Inmóvil y en silencio escucha el exterior que queda a partir de su cuerpo.
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